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Las metas importantes en la vida reducen el riesgo de Alzheimer.

Publicado para difusión en este blog por Alexis Moya 1 comentario
Fuente: hipocampo.org -

Los resultados de un estudio publicado en la revista Archives of General Psychiatry sugieren que los factores positivos, tales como tener un sentido de los objetivos que dirija el comportamiento en la vida, pueden aportar un colchón que amortigüe problemas de salud, especialmente en la vejez. De tal modo, los investigadores han encontrado que los ancianos con un alto sentido de las metas en la vida sufren un menor riesgo de deterioro cognitivo, y pueden tener hasta 2,5 veces menos riesgo de sufrir enfermedad de Alzheimer.

Cada vez surgen más datos sugiriendo que los factores psicológicos y vivenciales están asociados al riesgo de enfermedad de Alzheimer, pero se desconocía en concreto la asociación entre la existencia de objetivos en la vida y el Alzheimer incidente.

Para comprobar la hipótesis de que tener metas importantes en la vida podría estar asociado a un riesgo menor de enfermedad de Alzheimer, los investigadores llevaron a cabo un estudio epidemiológico prospectivo y longitudinal en ancianos.

Para ello se reclutaron más de 900 ancianos sin demencia, residentes en la comunidad, procedentes del Rush Memory and Aging Project. A todos los participantes se les realizaron evaluaciones sobre sus metas en la vida, que fueron puntuadas en función de su importancia, y luego se llevó a cabo su seguimiento por un periodo de hasta 7 años, con evaluaciones clínicas detalladas cada año, para documentar la incidencia de enfermedad de Alzheimer. A continuación se examinó la asociación de las citadas metas con el deterioro cognitivo leve —precursor de enfermedad de Alzheimer—, comprobando también el ritmo del cambio en la función cognitiva.

Durante el seguimiento de hasta 7 años, 155 de los 951 participantes (un 16,3%) desarrollaron enfermedad de Alzheimer. Tras ajustar los resultados en función de la edad, sexo y nivel educativo, se vio que las metas vitales más importantes estaban asociadas a un riesgo sustancialmente reducido de enfermedad de Alzheimer. Por lo tanto, una persona con una alta puntuación de sus metas en la vida era aproximadamente 2,4 veces más susceptible de mantenerse libre de enfermedad de Alzheimer que un sujeto con una baja puntuación en las mismas.

Esta asociación no varió por aspectos demográficos de los participantes, y se mantuvo tras tener en cuenta variables como la presencia de síntomas depresivos, neuróticos y diversas condiciones de salud. Los objetivos elevados en la vida resultaron asociados también a un menor riesgo de deterioro cognitivo leve y a un ritmo más lento de declive cognitivo.

En base a estos resultados, los autores del estudio afirman que:
«Una meta más elevada en la vida se asocia a una reducción del riesgo de enfermedad de Alzheimer y de deterioro cognitivo leve en ancianos residentes en la comunidad».
Referencia bibliográfica: Patricia A. Boyle, Aron S. Buchman, Lisa L. Barnes,  David A. Bennett. Effect of a Purpose in Life on Risk of Incident Alzheimer Disease and Mild Cognitive Impairment in Community-Dwelling Older Persons. Archives of General Psychiatry 2010;67:304-31.




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Los hombres estariamos diseñados geneticamente para vivr menos.

Publicado para difusión en este blog por Alexis Moya 3 comentarios
Fuente: diariosalud.net -

No sólo en los seres humanos; también en la mayoría de las especies de mamíferos son las hembras las que tienen una longevidad superior a los hombres. Sin embargo, hasta ahora existen teorías diversas para tratar de explicar este fenómeno, cuyas causas no están claras al cien por cien. Una nueva investigación japonesa sugiere que la 'culpa' podría estar en la parte del genoma que heredamos por vía paterna.


Para demostrarlo, el equipo de Tomohiro Kono, director del Instituto de Investigación Nodai, con sede en Tokio, diseñó ratones de laboratorio creados a partir de dos madres, es decir, sin rastro de genes masculinos en su genoma. Para ello, tomaron un óvulo de ratones de sólo un día de vida y lo manipularon genéticamente para que se reconvirtiese en esperma. Mediante transferencia nuclear, trasplantaron dicho material en otro ovocito de ejemplares adultos a los que se les había extraído previamente el núcleo y obtuvieron de ahí un embrión de ratón que implantaron posteriormente en el útero de una 'madre de alquiler'.

Los ratones nacidos por esta técnica (a los que llamaron 'ejemplares bimaternos') carecían por tanto de progenitor masculino y fueron criados exactamente en las mismas condiciones que otro grupo de ratones normales, tal y como describen sus autores en las páginas de la revista 'Human Reproduction'.

La comparación entre ambos grupos les demostró que los ratones 'huérfanos de padre' vivían 186 días más de media que los ejemplares normales; lo que supone aproximadamente un tercio más. Se trata, según explican los autores, de la primera evidencia que demuestra que algunos genes del esperma pueden influir de alguna manera en la longevidad de los mamíferos.
'Genes de la longevidad'

Concretamente, le echan la 'culpa' al gen Ragrf1, que se expresa habitualmente en el cromosoma heredado por vía paterna y que es responsable del crecimiento posnatal. Sin embargo, como reconoce Kono, no se puede descartar que existan otros 'genes de la longevidad', también implicados en que las mujeres vivan más tiempo, pero aún no descubiertos.

En otro de sus experimentos, los investigadores comprobaron el peso de los roedores a los 49 días de nacer y, posteriormente, al cabo de 20 meses. Los animales que carecían de genoma paterno eran más delgados y, además, tenían un sistema inmune más reforzado que sus compañeros. A su juicio, esto tiene también su explicación genómica, relacionada con la selección reproductiva.

"Mediante un mayor tamaño, los individuos machos maximizan sus posibilidades de reproducirse, algo en lo que realizan una fuerte inversión que resulta en una longevidad más corta. Sin embargo, las hembras, no se esfuerzan tanto en estos comportamientos tan costosos y reservan su energía para dar a luz y cuidar de la descendencia", concluyen en su trabajo.




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Trastornos de la Marcha en el Adulto Mayor

Publicado para difusión en este blog por Alexis Moya 6 comentarios
Autor: Oriol Franch, Servicio de Neurología, Hospital Ruber Internacional, Madrid.
Fuente: Congreso Virtual Iberoamericano de Neurologia

Los trastornos de la marcha son un problema frecuente en las personas mayores. Son causa de limitación de actividades al perder la deambulación independiente, aumentan la morbilidad, y son un factor que contribuye al ingreso en residencias de ancianos. La preservación de la marcha es uno de los requisitos más importantes para una ancianidad satisfactoria.

Al considerar los cambios del equilibrio y de la marcha que ocurren en las personas mayores, debe diferenciarse entre los cambios propios de la edad y los cambios que aparecen en relación con enfermedades asociadas con la edad avanzada. No está claro a partir de que situación deja una marcha de ser normal para la edad del paciente y se trata de un cuadro patológico. Una definición funcional de estos trastornos hace referencia a la marcha que es lenta, inestable o comprometida biomecánicamente tanto como para ser ineficaz para que la persona pueda desplazarse con normalidad.

Los trastornos de la marcha pueden ser clasificados de acuerdo con la etiología, las características clínicas de la alteración de la marcha, la localización de la lesión o de las lesiones responsables, o el sistema que se encuentra alterado (musculoesquelético, nervioso).

Epidemiología
En un estudio de 260 personas mayores de 60 años presentaban alteración de la marcha el 15 % . En otro estudio de 467 personas tenían alteración de la marcha el 13 % entre los 65 y 74 años, el 28 % entre los 75-84 años y el 44 % entre los 85 años y mayores .

Las alteraciones del equilibrio también son frecuentes entre la población anciana, causando riesgo de caídas y lesiones relacionadas con las caídas. Cada año se caen el 20-30 % de los ancianos que viven independientemente . En el 25 % de los casos se produce una lesión importante y en el 5 % una fractura. Los trastornos de la marcha contribuyen considerablemente al riesgo de caídas y a las lesiones relacionadas con las caídas. La lesión accidental es la sexta causa de muerte en personas mayores de 65 años, siendo las caídas la principal causa de lesión en este grupo de edad . Muchas personas mayores limitan voluntariamente su actividad debido a su preocupación sobre su capacidad motora y el miedo a caerse . Debido a esto, para muchas personas mayores que viven solas, el trastorno de la marcha es un factor que determina la decisión de ingresar en una residencia. Frecuentemente la pérdida de la capacidad ambulatoria es el inicio de un progresivo deterioro del estado de salud y funcional.

Factores anatómicos y fisiológicos de la marcha normal
El hombre necesita alcanzar una postura de bipedestación estable antes de iniciar la marcha. En la posición erecta, la estabilidad mecánica se basa en el soporte musculoesquelético que se mantiene por un equilibrio dinámico en el que se encuentran implicados diversos reflejos posturales. Estas respuestas posturales son generadas por la integración de los estímulos aferentes visuales, vestibulares y propioceptivos en el contexto de decisiones voluntarias y continuos ajustes inconscientes del sujeto. Las respuestas posturales consisten en contracciones sinérgicas y coordinadas de los músculos del tronco y de las extremidades, corrigiendo y controlando el balanceo corporal, y manteniendo la postura vertical del cuerpo . Una vez que el cuerpo se encuentra erecto y estable, puede empezar la locomoción.

La marcha tiene dos componentes principales: equilibrio y locomoción. El equilibrio es la capacidad de adoptar la posición vertical y de mantener la estabilidad. La locomoción es la capacidad para iniciar y mantener un paso rítmico. Estos componentes de la marcha son diferentes pero están interrelacionados.

Efectos de la edad en la marcha
Los cambios atribuibles a la edad modifican las características de la marcha. Sin embargo, la edad avanzada no debe acompañarse inevitablemente de alteración de la marcha. La reserva funcional suele ser suficiente como para que no se produzcan alteraciones del equilibrio y de la marcha. En la edad avanzada pueden asociarse diferentes factores que contribuyen a incrementar los cambios atribuibles a la edad o a que aparezca un trastorno de la marcha con determinadas características. Algunos ancianos mantienen una marcha normal en la novena década de la vida . Aunque los cambios de la marcha relacionados con la edad, tales como la reducción de la velocidad y el acortamiento del paso, son más aparentes a partir de los 80 años, la mayoría de los trastornos al caminar se relacionan con una enfermedad subyacente y suelen hacerse más patentes cuando ésta progresa . En los ancianos que se produce un deterioro de la marcha más acusado, que los cambios atribuibles sólo a la edad, los pasos se hacen mas cortos y la fase estática de la marcha aumenta, causando una importante disminución de la velocidad de la marcha, sobre todo en aquellos que se caen.

Diferentes estudios han señalado que en relación con la edad avanzada aparece pérdida de fuerza en los miembros inferiores , deterioro de la sensibilidad vibratoria y de la visión, especialmente de la periférica . Los cambios musculoesqueléticos que ocurren con la edad y el declinar del estado cardiovascular también deben ser tenidos en cuenta .

El balanceo anteroposterior del tronco se encuentra aumentado en los ancianos, especialmente en aquellos que se caen. Varios autores han encontrado correlación entre el balanceo postural y el riesgo de caerse. Estos datos sugieren que el deterioro de los reflejos posturales parece ser un importante factor en la alteración de la marcha y de la postura en la vejez.

En un estudio realizado con el objetivo de identificar la prevalencia de signos neurológicos en personas "normales" mayores de 75 años, se distinguieron dos tipos de alteración: el componente atáxico y el componente extrapiramidal. El componente atáxico consistía en aumento de la base de sustentación, incapacidad para realizar la marcha en "tándem" e inestabilidad troncal. El componente extrapiramidal se manifestó por disminución del braceo, flexión postural y bradicinesia. La valoración de estos síndromes apoya la existencia de diferentes tipos de trastornos de la marcha en el anciano. Se ha considerado que la marcha lenta representa degeneración de ganglios basales y disfunción extrapiramidal. Los signos asociados con la marcha lenta han sido descritos como componentes de síndromes extrapiramidales. Esto apoya el origen extrapiramidal de la marcha lenta, que puede representar un parkinsonismo en fase precoz. La marcha atáxica se ha considerado debida a una degeneración cerebelosa de la línea media.

Las causas que conducen a una menor eficiencia del control del equilibrio en el anciano no están claras. Lo más habitual es que la inestabilidad sea multifactorial. Uno de estos factores puede ser el sistema musculoesquelético, que se hace menos rápido en su respuesta a las instrucciones musculares para limitar el balanceo corporal. La disminución de la fuerza es otra variable. Por otro lado, la planificación motora es menos exacta. Esto puede ser debido a ligeros errores en la exactitud de la información proporcionada por propioceptores, órganos vestibulares u ojos. Finalmente, pueden existir errores en la valoración central de la información sensorial, o del cálculo de las respuestas motoras apropiadas. No obstante, aunque el deterioro del equilibrio puede estar directamente relacionado con la edad, la falta de equilibrio clínicamente significativa suele ser una consecuencia de trastornos neurosensoriales añadidos.


Clínica
Una detallada historia sobre el trastorno de la marcha y su evolución proporciona importantes datos para conseguir un diagnóstico. No obstante, debe tenerse en cuenta que los trastornos de la marcha suelen ser heterogéneos y en ocasiones multifactoriales. Por esas razones, una alteración de la marcha caracterizada por tropiezos y caídas puede deberse a un trastorno piramidal, extrapiramidal, cerebeloso o neuromuscular. Otro aspecto a considerar es que los pacientes con alteraciones de la marcha suelen referir, además de la dificultad para caminar, caídas o miedo a caerse, pocos otros síntomas.

La pérdida de fuerza en los miembros inferiores puede manifestarse de diferentes formas. Sensaciones de pesadez, rigidez o de falta de la respuesta motora deseada pueden ser los síntomas iniciales de una lesión piramidal, paraparesia espástica o de una hemiparesia. La tendencia a los tropiezos puede ser tanto la consecuencia de una lesión piramidal por la tendencia a pie equinovaro espástico como de una lesión de nervio periférico que cause un pie caído debido a la debilidad en la flexión dorsal del tobillo. La asociación de dolor lumbar, irradiado o no hacia los miembros inferiores, sugiere el origen periférico del trastorno de la marcha. Si los síntomas son bilaterales y tienen un predominio distal, debe considerarse la posibilidad de una neuropatía periférica. La debilidad para ciertos movimientos puede manifestarse en especial dificultad para determinadas acciones. La dificultad para subir escaleras o para levantarse desde la posición sedente sugiere una debilidad muscular proximal, y más específicamente una miopatía.

La marcha lenta y la rigidez de extremidades son manifestaciones de enfermedad extrapiramidal. La lentitud de movimientos puede acompañarse de dificultad para iniciar la marcha, escasa elevación de los pies o arrastre de los mismos por el suelo, y "congelación" en relación con obstáculos o distracciones. Este tipo de marcha es la que frecuentemente se observa en la enfermedad de Parkinson. Otras enfermedades extrapiramidales, enfermedad cerebrovascular difusa e hidrocefalia también pueden presentar un trastorno de la marcha de características similares.

La inestabilidad y la tendencia a caerse son las principales características de los síndromes atáxicos causados por afectación cerebelosa de línea media (vermis), o por alteración de la sensibilidad propioceptiva. El paciente con una marcha atáxica cerebelosa tiene aumento de la base de sustentación, incapacidad para caminar en línea recta o tambaleo en los giros. Una ataxia sensorial puede manifestarse inicialmente por inestabilidad al caminar en la oscuridad, cuando no es posible la compensación visual de la pérdida de la sensibilidad propioceptiva. Los pacientes con alteraciones de la sensibilidad propioceptiva presentan sensaciones anormales en los pies que en ocasiones refieren como la impresión de estar caminando sobre una superficie esponjosa o algodonosa. Los síndromes atáxicos que se manifiestan con inestabilidad frecuentemente se acompañan de caídas.

En ocasiones, la distribución de síntomas sensitivos acompañantes puede proporcionar información útil para localizar la lesión responsable del trastorno de la marcha. Los pacientes con espondiloartrosis pueden presentar síntomas radiculares en forma de dolor y parestesias, junto con las manifestaciones clínicas de mielopatía. Las parestesias distales y simétricas, generalmente predominando en los miembros inferiores, sugieren una neuropatía periférica.

Es relativamente frecuente que personas mayores que presentan dificultad para caminar refieran tener dolor en los miembros inferiores. En estos casos es importante determinar si el dolor y la debilidad comparten la misma causa, o si el dolor es de origen musculoesquelético. El dolor articular debido a artrosis, que es frecuente en las personas mayores, suele aparecer también en reposo y empeora con el movimiento. La existencia de dolor suele modificar el patrón normal de marcha evitando la carga completa sobre la extremidad dolorida o limitando la amplitud del movimiento (marcha antiágica).

Lesiones medulares, lesiones intracraneales de línea media, lesiones frontales e hidrocefalia pueden causar, además de trastorno de la marcha, incontinencia esfinteriana. Además, las lesiones intracraneales, también pueden ser causa de alteraciones mentales.

El examen de la postura y de la marcha incluye la observación del paciente de pie y caminando, la respuesta a una serie de maniobras, y la valoración específica de los sistemas muscular, sensorial y articular. En la tabla 1 se resumen los diferentes aspectos del examen de la postura y de la marcha. Es necesaria también una exploración cuidadosa de la visión que incluya la agudeza visual y la campimetría por confrontación. Además, debe efectuarse una valoración física general completa, con especial atención a la tensión arterial y a la función cardíaca.

El equilibrio se valora en bipedestación estática con base espontánea y con los pies juntos. Los reflejos posturales se evalúan mediante la maniobra del empujón. El explorador se coloca detrás del paciente y, después de advertirle de la maniobra que se va a realizar, tira bruscamente de los hombros hacia atrás (el paciente es empujado hacia el explorador). Se considera estable al paciente si permanece de pie sin ayuda e inestable si se hubiera caído de no habérsela proporcionado. En la marcha deben tenerse en cuenta la forma de inicio, la longitud del paso, la separación pie-suelo y el balanceo de miembros superiores.

Tabla 1
La valoración de los movimientos del tronco incluye la capacidad de sentarse en una silla, de levantarse de una silla manteniendo los brazos cruzados y de darse la vuelta estando tumbado en una camilla.

La aplicación de la escala de Tinetti permite una valoración del equilibrio y de la marcha. En los pacientes con alteración de la marcha, la prueba "Up & Go" cronometrada proporciona información sobre el equilibrio, la marcha y la capacidad funcional. Se registra el tiempo transcurrido desde que el paciente se levanta de una silla provista de apoyabrazos (de una altura aproximada de 46 cm), camina una distancia de 3 metros, se da la vuelta, vuelve caminando y se sienta nuevamente .

Etiología
Las alteraciones de la marcha pueden ser debidas a múltiples causas, como consecuencia de los diversos sistemas anatómicos implicados en la deambulación. En un estudio de 35 pacientes mayores de 65 años con alteración de la marcha, efectuado en un hospital general, la mayoría consideraban el dolor como la causa mas frecuente de su dificultad para caminar. Otras causas señaladas fueron falta de equilibrio, rigidez, mareo, acorchamiento y debilidad. En este estudio se encontró que la artrosis fue el diagnóstico primario en el 35% de los pacientes. No obstante, el 75% de los pacientes tenían mas de un diagnóstico que contribuía a la alteración de la marcha.

Las enfermedades cerebrales focales, miopatías severas, enfermedades cerebelosas y neuropatías periféricas producen cambios de la marcha que suelen ser característicos y que habitualmente permiten un diagnóstico clínico fácil. Por el contrario, las alteraciones de la marcha debidas a enfermedades cerebrales bilaterales suelen ser de difícil diagnóstico.

Frecuentemente, los cambios compensatorios predominan y enmascaran las características de la alteración simétrica y leve de la marcha. La dificultad diagnóstica también es debida al hecho de que muchas enfermedades degenerativas lesionan las mismas áreas del cerebro, tronco cerebral y cerebelo, y áreas que no son afectadas directamente pueden serlo indirectamente a través de interacciones fisiológicas.

Tabla 2.
Causas neurológicas de alteración de la marcha en el anciano (%)
Aunque muchas alteraciones de la marcha en este grupo de edad son debidas a problemas musculoesqueléticos, frecuentemente la causa del trastorno es neurológica. En pacientes mayores de 65 años con alteración de la marcha a los que les ha sido efectuado un estudio neurológico se ha encontrado una causa responsable en la mayor parte de los casos . Estos han sido pacientes con parkinsonismo idiopático, mielopatía cervical espondiloartrósica, infartos cerebrales múltiples, alteraciones de la sensibilidad propioceptiva o con otras enfermedades identificables. Sin embargo, en el 10-20 % de los pacientes no se ha encontrado una causa. En estos casos se evidencian alteraciones de la marcha que no pueden ser explicados por los signos acompañantes. Estos casos se han denominado marcha senil esencial, marcha senil idiopática, trastorno frontal de la marcha o marcha apráxica.

Anteriormente ya se habían utilizado otros términos para hacer referencia a alteraciones de la marcha similares, tales como ataxia frontal, marcha a pequeños pasos (marche à petit pas), marcha senil, parkinsonismo de la mitad inferior del cuerpo y parkinsonismo arteriosclerótico.

Estos cuadros clínicos se han agrupado denominándolos alteraciones de nivel superior de la marcha , clasificándolos en alteraciones de la marcha de nivel inferior, medio y superior. Las alteraciones de la sensibilidad propioceptiva, de la percepción visual y laberíntica, o la disfunción del sistema musculoesquelético, causan alteraciones posturales y de la marcha de nivel inferior. Los pacientes con trastornos de éste tipo, suelen poder compensarlos y mantener una deambulación independiente si el sistema nervioso central (SNC) se encuentra intacto. Las alteraciones de nivel medio de la marcha incluyen la marcha espástica, atáxica, distónica y coreica. La disfunción sensitivomotora de nivel medio causa distorsión de las sinergias posturales y locomotoras. El SNC selecciona las respuestas posturales y locomotoras adecuadas, pero su ejecución es defectuosa. No hay dificultad para iniciar la marcha, pero el paso es anormal. El parkinsonismo en fase inicial también cae dentro de esta categoría, si bien en las fases avanzadas se añaden alteraciones del equilibrio e inicio de la marcha, que son características de las disfunciones de nivel superior. Se ha propuesto una clasificación de las alteraciones de nivel superior de la marcha entendiendo como tales las que no pueden ser explicadas por síndromes musculoesqueléticos, neuromusculares, vestibulares, piramidales, cerebelosos o extrapiramidales. Dentro de este grupo se incluyen trastornos conocidos como marcha cautelosa o precavida , desequilibrio subcortical, desequilibrio frontal, insuficiencia aislada del inicio de la marcha y trastorno de la marcha frontal.


Bibliografía
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Fuente: diariosalud.net -
Autor: BBC Ciencia -

Los científicos de la Universidad de Berna, en Suiza, revisaron diez estudios previos sobre los efectos de la glucosamina y la condoitrina en la artrosis de cadera o de rodilla.

Esta enfermedad crónica es producida por el desgaste del cartílago, el tejido que funciona como amortiguador entre los extremos de los huesos y ayuda al movimiento de la articulación.

Los investigadores descubrieron que ninguno de los dos suplementos, ya sea tomados solos o combinados, tiene efectos beneficiosos en la reducción del dolor que causa este trastorno.

Efecto placebo 

Pero los científicos afirman en la British Medical Journal (BMJ) (Revista Médica Británica) que tampoco causan daños y si las personas creen que están obteniendo un beneficio con ellos pueden seguir tomándolos.

Según el estudio, estos beneficios se deben al efecto placebo, con el cual los síntomas de la enfermedad mejoran porque el paciente se siente bien psicológicamente tomando el compuesto.

"No creemos que haya un riesgo si continúan tomando estas preparaciones, siempre y cuando perciban un beneficio que cubra el costo del propio tratamiento", dice el profesor Peter Jüni, quien dirigió el trabajo.

El investigador agrega, sin embargo, que "las autoridades sanitarias y las aseguradoras de salud no deberían cubrir el costo de estos compuestos, y las nuevas prescripciones para los pacientes que hasta ahora no han recibido este tratamiento deben desalentarse".

La artrosis de cadera o de rodilla normalmente se trata con medicamentos analgésicos y antiinflamatorios, pero estos pueden causar problemas estomacales y cardíacos, particularmente si se consumen a largo plazo.

En la última década, los suplementos nutricionales se han vuelto populares entre los médicos y los reumatólogos para recetarlos a sus pacientes. Y los compuestos también pueden comprarse en todo el mundo sin receta médica.

Hasta ahora, sin embargo, los resultados de los ensayos clínicos sobre la efectividad de la glucosamina y la condroitina habían sido conflictivos.

Por eso, dicen los autores, hacía falta una revisión de los estudios para determinar si estos suplementos funcionan o no.

El profesor Jüni y su equipo analizaron los resultados de las pruebas llevadas a cabo con 3.800 pacientes para ver los cambios en los niveles de dolor que experimentaban después de tomar glucosamina y condoitrina, tanto solos como combinados.

Posteriormente compararon estos efectos con los de pacientes que habían tomado un placebo.

Sin beneficios 

"Comparado con el placebo, la glucosamina, la condroitina y la combinación de ambas no reducen el dolor de articulaciones ni tienen un impacto en el desgaste de la articulación", expresa el profesor Jüni.

El investigador afirma que urge desarrollar nuevos tratamientos que no sólo reduzcan el dolor articular sino que también disminuyan la progresión de la enfermedad.

Tanto la glucosamina como la condroitina son sustancias que se producen de forma natural en el cuerpo. Ambas juegan un papel importante en la formación y la reparación de cartílagos.

En forma sintética, la glucosamina se produce con compuestos de cangrejos, langostas o camarones, y la condroitina se extrae por lo general del cartílago de reses o de tiburón.

Según los autores del estudio, las ventas globales de suplementos de glucosamina en 2008 sumaron casi US$2.000 millones, un aumento de 60% desde 2003.

A pesar de los resultados de la investigación, dicen los autores, muchos pacientes están convencidos de que estos compuestos son beneficiosos.

Y esto podría deberse tanto al efecto placebo de las sustancias como al curso natural de la enfermedad.

El doctor James Kennedy, del Colegio Real de Médicos Generales del Reino Unido, asegura que nunca receta estos compuestos a sus pacientes.

"Si una personas se alimenta con una dieta balanceada, no tiene ninguna necesidad de tomar suplementos", dice el experto.

Pero como estos compuestos no están regulados por las autoridades de salud y su venta no requiere receta médica, los pacientes deben estar informados para poder tomar sus propias decisiones.





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Alzheimer, Inmunidad y Diagnostico.

Publicado para difusión en este blog por Alexis Moya sin comentarios
Fuente: neurologia.com -
Autor: Marisol Herrera-Rivero, María Elena Hernández-Aguilar, Jorge Manzo, Gonzalo Emiliano Aranda-Abreu -

Introducción. La enfermedad de Alzheimer (EA) es un trastorno neurodegenerativo de evolución lenta que presenta deterioro cognitivo, pérdida progresiva de la memoria y trastornos en la conducta. El principal factor de riesgo es la edad avanzada. Actualmente, no existe cura para esta enfermedad, por lo que se ha hecho importante el esfuerzo por descubrir métodos de diagnóstico más temprano y de fácil acceso, y tratamientos más efectivos.
Desarrollo. A escala global se están realizando numerosas investigaciones centradas en la prevención, diagnóstico y tratamiento de la EA. Aquí se revisan los principales aspectos involucrados en el proceso patológico de la enfermedad, con un enfoque en los cambios que generan una respuesta inmune y los posibles marcadores diagnósticos propuestos.
Conclusiones. Hoy en día se cuenta con numerosa información sobre la EA; sin embargo, aún es importante continuar la investigación que permita mejorar la calidad de vida de estos pacientes mediante diagnósticos más tempranos y precisos y tratamientos más adecuados.


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Fuente: viguera.com -

Introducción. El síndrome de deterioro cognitivo leve de tipo amnésico (DCLa) es el que más probabilidades tiene de evolucionar a enfermedad de Alzheimer (EA) según las investigaciones del grupo de Petersen; sin embargo, también se ha constatado que otros tipos de DCL, como el multidominio (DCLm), pueden evolucionar hacia una demencia, es decir, que la evolución hacia la EA puede ir precedida del deficit de varios procesos cognitivos y no sólo de la memoria episódica. 

Objetivo. Analizar la evolución de los distintos tipos de DCL hacia la demencia. 

Sujetos y métodos. Una cohorte de 115 sujetos entre 58 y 94 años a los que se les ha valorado cognitivamente al menos en dos ocasiones a lo largo de los tres últimos años utilizando una amplia batería neuropsicológica de test. 

Resultados. De la muestra estudiada, un 12% evolucionó a demencia; de ésta cerca del 86% lo hizo hacia EA, y el resto, hacia otros tipos de demencias. En la evaluación previa a la conversión a EA, un 17% fue diagnosticado como DCL no amnésico (DCLna) y un 83% como DCLm; por tanto, el mayor número de participantes que evolucionaron a demencia habían sido clasificados como DCLm en la evaluación anterior al diagnóstico. 

Conclusión. En el tipo de cohorte estudiada, la presencia de un patrón de deterioro cognitivo multidominio puede ser precursor de EA, especialmente si ha evolucionado a partir de DCLa.

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Evaluación del dolor en los ancianos con demencia.

Publicado para difusión en este blog por Alexis Moya sin comentarios
Fuente: doloronline.net - 

En los ancianos con demencia, distintos instrumentos de evaluación del dolor, particularmente las calificaciones por informantes, pueden permitir la detección del dolor y de su respuesta al tratamiento analgésico.

Los ancianos que padecen demencia frecuentemente sufren dolor crónico que no es detectado, señalan los Dres. Jiska Cohen-Mansfield y Steven Lipson del Research Institute of Aging de Rockville, Estados Unidos. Para los cuidadores es difícil identificar el dolor en personas con demencia moderada a grave a causa de diversos factores, incluyendo el carácter frecuentemente crónico del dolor, la falta de reconocimiento por el paciente, y el hecho de que el enfermo puede estar afectado por más de un trastorno. Ante el reconocimiento de esta limitación, se han desarrollado varios instrumentos de evaluación, incluyendo los de informes propios (preguntas al paciente), observaciones y calificación por un informante. Entre los instrumentos de observación se incluyen el PAINAD (Pain Assessment in Advanced Dementia) y el CNPI (Checklist of Nonverbal Pain Indicators). Algunos instrumentos de calificación por informantes son el PADE (Pain Assessment for the Dementing Elderly) y el PAINE (Pain Assessment Instrument in Noncommunicative Elderly). Los expertos estadounidenses llevaron a cabo un estudio para evaluar la utilidad de estas herramientas en la identificación de ancianos con demencia y dolor que podrían beneficiarse de un tratamiento analgésico.

Métodos

Aunque por razones éticas el estudio no tuvo un diseño a doble ciego y controlado con placebo, tanto los participantes como los asistentes que realizaron los cuestionarios desconocían el tratamiento administrado. La investigación incluyó a 121 pacientes con demencia internados en instituciones de cuidados especiales y que no tenían trastornos médicos agudos o inestables conocidos. Los asistentes recolectaron información demográfica estándar utilizando el cuestionario Minimum Data Set y a partir de la historia clínica. Se utilizó el primero para obtener una puntuación de dolor y una puntuación de actividades cotidianas. Los participantes fueron evaluados además con los instrumentos señalados más abajo y con el Mini Examen de Estado Mental. Sólo se incluyeron en el estudio quienes reunían los criterios de dolor en al menos 2 de los instrumentos. Los tratamientos aplicados fueron, en orden de utilización: 650 mg de paracetamol 4 veces al día, 1 g de paracetamol 4 veces al día, este último tratamiento más 2,5 mg de oxicodona 4 veces al día, el mismo esquema anterior pero con 5 mg de oxicodona, y 10 mg de oxicontina cada 12 h junto con 1 g de paracetamol 4 veces al día. Al cabo de 2 semanas de cada tratamiento se realizaron evaluaciones del nivel de dolor. Si el paciente seguía con dolor moderado según al menos 2 instrumentos, el médico ordenaba pasar al tratamiento siguiente. Las evaluaciones de informes propios incluyeron la Escala de Dolor Funcional, la Escala de Descripción Verbal, la Intensidad Actual de Dolor, y la Evaluación Global de Dolor (EGD). Los instrumentos de calificación por informantes fueron el PADE y el PAINE, y los de observación fueron el PAINAD, el CNPI, y el Instrumento de Evaluación Observacional de Comportamiento de Dolor. Ante la imposibilidad de realizar un ensayo aleatorizado y controlado, se decidió incluir otros grupos de comparación: 1) todas la personas sin dolor en la evaluación inicial, 2) un subgrupo de estos pacientes que fueron seguidos por igual período que los pacientes tratados, y 3) las personas con dolor en las que el médico o los familiares no autorizaron el tratamiento.

Resultados

De acuerdo con los criterios diagnósticos establecidos se determinó que 63 participantes presentaban dolor al inicio del estudio. El cuestionario PADE indicó dolor en el 93,7% de los casos, el PAINE en el 92,1%, la EGD en el 32,3%, y el resto de los instrumentos en menos del 30% de los casos. En 36 de los participantes sometidos a tratamiento se llegó a un punto del seguimiento donde no había dolor: en 30 casos luego de una sola fase de tratamiento, en 5 casos luego de 2 fases, y en un caso al cabo de 4 fases. Para los otros 27 pacientes con dolor, sus familiares o el médico tratante no permitieron que se pasara a la fase de tratamiento con opiáceos (18 casos) o paracetamol (6 casos) o no se siguió el protocolo terapéutico establecido para el estudio (3 casos). Estos 27 pacientes conformaron uno de los grupos de comparación. De acuerdo con los instrumentos de informe propio o de calificación por informantes, se produjo una reducción significativamente mayor del dolor en las personas sometidas a tratamiento que en los grupos de comparación. Los instrumentos PAINE, PADE y la Escala de Descripción Verbal fueron las que mejor detectaron los efectos del tratamiento. En el grupo de tratamiento activo, la puntuación inicial media de esta última escala fue de 1,71 y descendió a 0,18 luego del tratamiento. Para las personas sin dolor desde el comienzo, los valores fueron 0,26 y 0,39, respectivamente. Para las personas con dolor pero que no recibieron tratamiento, las puntuaciones fueron 0,85 y 1,00, respectivamente. En cuanto a la escala PADE, el grupo tratado tuvo una puntuación inicial de 20,39, que descendió a 16,31 luego del tratamiento. Para los grupos de comparación antes mencionados, los valores iniciales fueron 15,57 y 24,59 y los finales 15,84 y 24,30.

Discusión

Estos hallazgos, señalan los autores, sugieren que el uso de múltiples instrumentos de evaluación puede facilitar la detección de un dolor que responde al tratamiento analgésico. Tanto los instrumentos de informe propio como los de calificación por informantes demostraron que las personas bajo tratamiento tuvieron reducción del dolor mientras que esto no ocurrió en los grupos de comparación. Esta observación, sostienen, debería promover un mayor uso de analgésicos en esta población. Los dos instrumentos de calificación por informantes (PAINE y PADE) fueron los más sensibles para detectar el efecto terapéutico y los más útiles para detectar dolor. Entre los instrumentos de informe propio, la EGD fue la mejor para detectar dolor y la Escala de Descripción Verbal fue la mejor para evidenciar respuesta terapéutica.

Cohen-Mansfield J, Lipson S
The utility of pain assessment for analgesic use in persons with dementia
Pain 134:16-23, 2008
Editora Médica Digital




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Fuente: hipocampo.org -


Un estudio que se ha publicado en la revista Journal of Alzheimer's Disease muestra que las ondas electromagnéticas de alta frecuencia tienen efectos protectores —e incluso potenciadores— en la cognición de ratones transgénicos modelo de enfermedad de Alzheimer.

En el pasado, estas ondas electromagnéticas de alta frecuencia han sido causa de temor a posibles efectos nocivos en la salud, pero la Organización Mundial de la Salud y otras organizaciones de salud han llegado a la conclusión, basándose en publicaciones científicas, de que no hay riesgos sobre la salud derivados del uso de los teléfonos móviles, ni en adultos ni en niños.

Hay que distinguir entre la exposición a campos electromagnéticos de baja frecuencia, como la asociada al mantenimiento de líneas eléctricas y telefónicas, que en varios estudios epidemiológicos ha mostrado una posible vinculación a un mayor riesgo de Alzheimer, y la debida a campos electromagnéticos de alta frecuencia. Varios estudios, aunque no todos, han sugerido que estos últimos muestran beneficios sobre la atención y la memoria de trabajo en individuos con función cognitiva normal. La telefonía móvil genera este tipo de campo electromagnético, de alta frecuencia.

El estudio que ahora comentamos presenta la primera evidencia de que la exposición a largo plazo al uso de teléfonos móviles (con una frecuencia de 918 MHz y una potencia de 250 mW/kg) aporta beneficios cognitivos, tanto de protección como de mejora. Estos efectos se apreciaron tanto en los ratones normales como en los ratones transgénicos modificados genéticamente para que desarrollen la enfermedad de Alzheimer.

Se colocaron un total de 96 ratones (entre normales y transgénicos) en varias jaulas distribuidas alrededor de una antena situada en el centro, sometiéndolos a ese campo magnético de alta frecuencia durante 7 a 9 meses. La exposición utilizada cada día ha sido equivalente a la que experimentaría la cabeza de un ser humano con el uso del teléfono móvil durante dos periodos de una hora al día.

La exposición al campo magnético de alta frecuencia mejoró —e incluso revirtió el deterioro de— la función cognitiva en todos los ratones. Además, redujo el depósito de β-Amiloide en los ratones transgénicos, en los que también se observó que aumentaba la temperatura cerebral. Los autores sugieren varios mecanismos posibles e interrelacionados para este efecto de los campos electromagnéticos de alta frecuencia, entre ellos el aumento del aclaramiento de β-Amiloide, un incremento de la actividad neuronal y el incremento del flujo sanguíneo cerebral.

Aunque se ha de ser muy cauto al extrapolar estos estudios a los humanos y hay que llevar a cabo más estudios que puedan obtener similares resultados, los autores concluyen que:

«La exposición a campos electromagnéticos de alta frecuencia puede representar una terapéutica no invasiva y no farmacológica frente a la enfermedad de Alzheimer y, en general, un abordaje efectivo para mejorar la memoria».

Referencia bibliográfica: Gary W. Arendash, Juan Sanchez-Ramos, Takashi Mori, Malgorzata Mamcarz, Xiaoyang Lin, Melissa Runfeldt, Li Wang, Guixin Zhang, Vasyl Sava, Jun Tan, Chuanhai Cao. Electromagnetic Field Treatment Protects Against and Reverses Cognitive Impairment in Alzheimer’s Disease Mice. Journal of Alzheimer's Disease 2010;19:191-210.






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Ineficacia del Ginkgo biloba sobre el declive cognitivo

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Fuente: hipocampo.org -

El Ginkgo biloba es administrado con frecuencia con la intención de mejorar la salud cognitiva en la vejez, pero se carecía hasta ahora de estudios clínicos adecuados en lo relativo a su efecto a largo plazo sobre la función cognitiva. La revista Journal of the American Medical Association (JAMA) publica en su último número un amplio estudio aleatorizado, en el que no llega a encontrarse una eficacia superior a la del placebo en lo relativo al posible efecto del Ginkgo biloba para reducir el declive cognitivo en los ancianos.

La investigación se llevó a cabo con un total de 3.069 participantes, pertenecientes al estudio Ginkgo Evaluation of Memory (GEM). Todos los participantes vivían en sus respectivas comunidades, tenían entre 72 y 96 años de edad y fueron siendo evaluados entre 2000 y 2008 en 6 centros médicos docentes, con una media de 6,1 años de seguimiento para cada sujeto. Se aleatorizaron en 2 grupos, en uno de los cuales (1.545 sujetos) se le fueron administrando a cada sujeto 120 mg de extracto de Ginkgo biloba dos veces al día, mientras que a los del otro (1.524 sujetos) se les administraba placebo, con idéntica apariencia al del extracto de Ginkgo biloba, y también dos veces al día.

En todos los sujetos se fueron evaluando los cambios cognitivos durante el seguimiento, recurriendo para ello a una versión modificada del Mini-Mental State Examination (3MSE), la subescala cognitiva de la Alzheimer Disease Assessment Scale (ADAS-Cog), y tests específicos de los dominios neuropsicológicos de la memoria, atención, construcción visoespacial, lenguaje y función ejecutiva.

Los ritmos anuales de declive cognitivo no resultaron ser diferentes entre los dos grupos de participantes (Ginkgo biloba y placebo) en ninguno de los dominios neuropsicológicos. En cuanto al 3MSE y ADAS-Cog, los ritmos de cambio no mostraron tampoco diferencias entre ambos grupos.

En base a estos resultados, los autores concluyen que:
«En comparación con el placebo, el uso de Ginkgo biloba, 120 mg dos veces al día, no resultó en un menor declive cognitivo en ancianos con cognición normal ni con deterioro cognitivo leve».

Referencia bibliográfica: Beth E. Snitz, Ellen S. O’Meara, Michelle C. Carlson, Alice M. Arnold, Diane G. Ives, Stephen R. Rapp et altere (et al). Ginkgo biloba for Preventing Cognitive Decline in Older Adults: A Randomized Trial. JAMA 2009;302(24):2663-2670.






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Introducción. En la última década, ha aumentado gradualmente el interés por el estudio del impacto de la enfermedad de Parkinson (EP) en la calidad de vida relacionada con la salud (CVRS) de los pacientes. Se han desarrollado instrumentos específicos para su medición que, junto con medidas de CVRS genéricas, se aplican frecuentemente en la actualidad en los ensayos clínicos y otros estudios. Esta revisión forma parte de una serie de dos artículos cuyo objetivo es describir la situación actual de los estudios de la CVRS en la EP y detectar lagunas en el conocimiento que puedan orientar a los investigadores para futuros proyectos. Objetivo. Revisar los conceptos, instrumentos, estudios comparativos y efecto de los tratamientos sobre la CVRS de los pacientes con EP. Desarrollo. Se presentan conceptos fundamentales sobre CVRS y se describen los instrumentos para su medición. También se describen los principales hallazgos en cuanto a estudios comparativos sobre la CVRS de pacientes con EP. Finalmente, se revisa el efecto de los tratamientos sobre la CVRS, incluyendo las terapias alternativas. Conclusiones. A pesar de los grandes avances en este terreno, se requieren más estudios con metodología rigurosa y aportación de datos longitudinales.

[REV NEUROL 2009; 49: 594-8]
Palabras clave. Calidad de vida relacionada con la salud. Enfermedad de Parkinson. Evaluación. Medidas. Revisión. Tratamiento.


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La demencia avanzada considerada como una enfermedad terminal

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La conclusión de un estudio prospectivo publicado recientemente en la revista The New England Journal of Medicine muestra que la demencia avanzada es una enfermedad terminal que promueve el conocimiento de las complicaciones clínicas que caracterizan la etapa final de la vida.

Durante 18 meses, el Dr. Mitchell y sus colaboradores siguieron el curso de 323 residentes de 22 hogares de ancianos con demencia avanzada. Estos pacientes presentaban un déficit de memoria profunda, no podían reconocer a los miembros de su propia familia, hablaban menos de 6 palabras, iban en silla de ruedas y eran incontinentes. En este periodo de tiempo el 55% de ellos murieron, el 53% presentó fiebre, el 41% neumonía y el 86% desarrollaron problemas de alimentación. Síntomas molestos, como la disnea (46%) y el dolor (39%), también eran comunes. En los 90 días previos a morir, casi el 41% de los pacientes había sido intervenido clínicamente de algo importante y había sido hospitalizado, había visitado urgencias o se le había proporcionado alimentación por vía parenteral.

Los autores destacan la importancia de mejorar la comunicación con los familiares de estos pacientes sobre las complicaciones y el mal pronóstico de este tipo de intervenciones. Además, es importante mejorar los cuidados paliativos.

[N Engl J Med 2009; 361: 1529-1538]
Mitchell SL, Teno JM, Kiely DK, Shaffer ML, Jones RN, Prigerson HG, et al.






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Los ancianos con demencia tienen unos índices más altos de mortalidad por gripe que el promedio nacional en los Estados Unidos, circunstancia que varía también en función del medio en el que viven (rural o urbano) y del nivel medio de riqueza del condado en el que habitan, siendo más alta la mortalidad en los condados con un nivel de vida medio más pobre. Estos datos proceden de un estudio recién publicado en el sitio web de la revista Journal of the American Geriatrics Society.

Se trata de un estudio observacional a través de historiales médicos procedentes de varios servicios médicos, tanto públicos como privados. En él se han comparado los patrones geográficos y demográficos de las hospitalizaciones por gripe y neumonía en ancianos con demencia con los de la población general. También se ha examinado en este estudio la relación entre los procesos de gripe y neumonía y la accesibilidad de los pacientes a los cuidados sanitarios.

Se llevó a cabo un análisis retrospectivo de los archivos médicos recogidos de manera uniforme durante un periodo de 5 años, sobre una población que era representativa de más del 95% de las personas de 65 o más años de edad que residían en el territorio continental de los Estados Unidos.

Fueron resumidos un total de 6.277.684 registros de gripe y neumonía de los años entre 1998 y 2002, y se estimaron los resultados —específicos por condados— de las tasas de hospitalización por gripe y neumonía, la estancia media en el hospital por esos procesos, y el porcentaje de muertes acontecidas durante la hospitalización. Se evaluaron también las asociaciones con variables como la densidad de población anciana para cada condado, el tanto por ciento de los que eran residentes en instituciones para ancianos, la renta per cápita media por hogares y el índice de ruralidad.

Los condados rurales y los condados pobres resultaron tener las tasas más altas de neumonía y gripe, y también el mayor porcentaje de gripe en particular. Los pacientes con demencia mostraron una frecuencia más baja de diagnóstico de gripe, una estancia hospitalaria media más corta, y una mortalidad 1,5 veces mayor que el promedio nacional.

En base a estos datos, los autores del estudio opinan que:

«Los resultados sugieren fuertes disparidades en las prácticas de atención sanitaria en las localidades rurales y en las poblaciones vulnerables; las infraestructuras, la proximidad y la accesibilidad a los cuidados sanitarios constituyen predictores significativos de morbilidad y mortalidad para la gripe. Estos hallazgos tienen importantes implicaciones para la vacunación antigripal, para las políticas y prácticas de test y tratamiento dirigidas a la creciente subpoblación de los pacientes con deterioro cognitivo».

Referencia bibliográfica: Elena N. Naumova, Sara M. Parisi, Denise Castronovo, Manisha Pandita, Julia Wenger, and Paula Minihan. Pneumonia and influenza hospitalizations in elderly people with dementia. Journal of the American Geriatrics Society 2009; digital object identifier (doi): 10.1111/j.1532-5415.2009.02565.x






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